La potosina Lorena Guillén vivió una madrugada devastadora en Kerrville, Texas, cuando una crecida súbita del río Guadalupe arrasó con su propiedad y cobró decenas de vidas. Desde la ventana de su casa, presenció cómo una familia entera —dos adultos y tres niños— era arrastrada por la corriente sin posibilidad de ser rescatada.
Guillén, originaria de San Luis Potosí, reside junto al cauce del río y renta espacios a personas con casas rodantes. El sábado por la noche, una tormenta azotó el sur de Texas, provocando una elevación repentina del nivel del agua de al menos 10 metros. “¡Aviéntame a uno de tus hijos!”, recuerda haber escuchado gritar a alguien al padre de familia, pero nadie logró reaccionar a tiempo.
Uno de sus inquilinos intentó salvarlos cuando quedaron atrapados en un árbol, pero sus fuerzas no fueron suficientes. “Los vi desaparecer entre ramas y agua”, relató entre lágrimas.
El desastre ha dejado al menos 52 personas muertas y un número aún indeterminado de desaparecidos, entre ellos 27 niñas que se encontraban en un campamento cristiano. Las lluvias torrenciales dejaron acumulaciones de hasta 27 centímetros en algunas zonas, de acuerdo con el Servicio Nacional de Meteorología de Estados Unidos.
Pese a haber recibido alertas de inundación en su celular, Guillén no evacuó. “Son comunes en esta zona”, explicó, y agregó que el alguacil local le había dicho que no era necesario. Sin embargo, las autoridades reconocieron posteriormente que subestimaron la fuerza de la tormenta.
El alguacil del condado de Kerr, Larry Leitha Jr., afirmó que continuarán con los operativos hasta localizar a todas las personas desaparecidas. Hasta ahora, más de 850 personas han sido rescatadas con vida por equipos de emergencia.
La tragedia también alcanzó a otros residentes. Jef Haflin, de 70 años, perdió su casa rodante y relató a medios locales: “Escuchaba a gente gritar desde sus caravanas mientras eran arrastradas por el río. No pudimos hacer nada”.
El gobernador de Texas, Greg Abbott, declaró el domingo como “día de oración” en memoria de las víctimas y solicitó apoyo federal por desastre. La crecida dejó un panorama desolador: vehículos volcados, estructuras destruidas, colchones colgados en árboles y tramos de carretera partidos.
En medio del caos, el testimonio de Lorena Guillén subraya que, a veces, ni las alertas bastan para anticipar una tragedia.





