Ciudad Juárez tras el regreso de Trump a la Casa Blanca se convirtió en uno de los primeros territorios en resentir el impacto de su política migratoria. El 20 de enero de 2025, el mismo día de su investidura, la cancelación de la plataforma CBP One y del programa de parole humanitario cerró de facto el acceso al asilo en Estados Unidos. Para miles de migrantes varados en la frontera, la medida significó el fin de cualquier expectativa inmediata de cruce.
Un año después, el panorama es distinto al anticipado en los momentos de mayor temor. Las deportaciones masivas anunciadas no se materializaron y las cifras oficiales muestran el nivel más bajo de deportaciones de mexicanos en la última década. Las carpas de emergencia instaladas por el Gobierno mexicano para recibir hasta cinco mil personas quedaron prácticamente vacías y fueron retiradas al no ser necesarias.
La caída de los flujos migratorios es uno de los cambios más visibles. Las detenciones de personas migrantes se redujeron más de 90 por ciento y los albergues, que antes operaban al límite, hoy registran ocupaciones mínimas. La mayoría de quienes permanecen en la ciudad buscan regularizar su situación en México o preparar su retorno a sus países de origen. Las organizaciones humanitarias advierten que el cierre de la frontera no eliminó los riesgos, sino que modificó las dinámicas, con un incremento de secuestros y extorsiones como principal amenaza.
En materia de seguridad, las autoridades locales reconocen que los grupos criminales adaptaron sus métodos ante la caída del tráfico de personas. La vigilancia se ha reforzado con el despliegue de la plataforma Centinela y miles de cámaras en puntos estratégicos de la ciudad. La coordinación con agencias estadounidenses se mantiene, aunque el control de delitos prioritarios sigue siendo un reto en una ciudad con altos índices de violencia.
Ciudad Juárez tras el regreso de Trump también enfrenta un reacomodo económico. La industria maquiladora, que concentra la mayoría de los empleos formales, ha reducido operaciones y perdido decenas de miles de plazas desde 2023. Sin embargo, no se han registrado cierres masivos de plantas, y sectores vinculados a la tecnología y la electrónica continúan operando como parte de la cadena de exportación hacia Estados Unidos.
Especialistas coinciden en que la frontera ha mostrado capacidad de adaptación, aunque advierten que los efectos más profundos de las decisiones políticas y económicas podrían manifestarse a largo plazo. La ciudad permanece en un equilibrio frágil, contenida entre la incertidumbre migratoria, la presión en seguridad y la necesidad de redefinir su modelo de desarrollo.





