La crisis por el suministro de agua sucia en Guadalajara ha generado un creciente descontento entre vecinos y organizaciones civiles, quienes denuncian sentirse abandonados ante la falta de soluciones claras por parte de las autoridades, pese a la presión política y los cambios en el organismo operador.
El problema, que afecta a la segunda zona metropolitana más poblada del país, mantiene en el centro de la polémica al Sistema Intermunicipal de los Servicios de Agua Potable y Alcantarillado (SIAPA), encargado de abastecer a cerca de 1.5 millones de personas en municipios como Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá.
Durante una comparecencia en el Congreso local, el entonces director del organismo, Antonio Juárez Trueba, reconoció la falta de recursos como uno de los principales obstáculos para atender la crisis. Días después, fue destituido por el gobernador Pablo Lemus, en un intento por contener el impacto político de la situación.
Un informe del propio SIAPA confirmó la existencia de descargas irregulares de aguas negras en el canal Las Pintas, infraestructura clave para el abastecimiento de la ciudad. Sin embargo, a semanas de haberse solicitado información detallada, las autoridades no han publicado un mapa oficial de las zonas más afectadas.
De acuerdo con diagnósticos independientes de académicos y colectivos, las colonias del centro y oriente —como Americana, Independencia, Oblatos, Tetlán y zonas cercanas a Tonalá— presentan las mayores afectaciones, lo que ha intensificado el reclamo social.
Desde la oposición, legisladores como Itzul Barrera han señalado que la crisis impacta principalmente a las zonas con mayor vulnerabilidad social, evidenciando desigualdad en el acceso a agua de calidad.
La inconformidad ciudadana escaló este fin de semana con manifestaciones en el centro de Guadalajara, donde cientos de personas exhibieron botellas con agua turbia y maloliente frente al reloj de cuenta regresiva rumbo al Mundial, en señal de protesta.
Activistas advierten que el problema no es nuevo. Alan Carmona, integrante del colectivo Un Salto de Vida, señaló que la contaminación del agua está vinculada desde hace años con descargas industriales y domésticas en el río Santiago, uno de los más contaminados del país.
“El problema tiene décadas. No es algo reciente, ni accidental”, afirmó, al cuestionar que los cambios en la dirección del SIAPA no representan una solución estructural.
En medio de este escenario, el gobierno estatal ha planteado proyectos como la ampliación de la planta potabilizadora y la construcción de un nuevo acueducto Chapala-Guadalajara, con inversiones millonarias que aún dependen de financiamiento federal.
La crisis del agua se suma a otros conflictos recientes en la entidad, como el intento de aumentar la tarifa del transporte público y las demandas de colectivos de búsqueda de personas desaparecidas, configurando un clima de presión social en aumento.
A menos de un año del Mundial, Guadalajara enfrenta no solo un reto de infraestructura, sino también de credibilidad institucional, en un contexto donde la ciudadanía exige respuestas inmediatas a problemáticas que, advierten, persistirán más allá del evento internacional.





