Los ataques de Estados Unidos contra Venezuela durante las últimas horas sacudieron el tablero geopolítico internacional y provocaron respuestas inmediatas desde América Latina, Europa, Asia y Medio Oriente, en un contexto marcado por la alarma ante una posible escalada regional.
Uno de los primeros pronunciamientos provino del presidente de Colombia, Gustavo Petro, quien denunció el bombardeo sobre Caracas y pidió la reunión urgente de la Organización de Estados Americanos (OEA) y del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El mandatario colombiano alertó sobre el uso de misiles y subrayó el riesgo para la población civil.
China condenó de forma enérgica la incursión militar estadounidense, calificándola como una violación grave del derecho internacional y de la soberanía venezolana. A través de un comunicado oficial, el Ministerio de Exteriores chino expresó su “profunda conmoción” y exigió a Washington cesar el uso de la fuerza contra un Estado soberano.
En América Latina, las posturas fueron contrastantes. Mientras el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, consideró los bombardeos y la captura del presidente venezolano como “inaceptables” y un precedente peligroso para el orden internacional, el mandatario argentino, Javier Milei, celebró la acción militar y la detención de Nicolás Maduro con un mensaje de respaldo abierto.
Desde Chile, el presidente Gabriel Boric manifestó su preocupación y condena, insistiendo en que la crisis venezolana debe resolverse mediante el diálogo y el multilateralismo, no a través de la violencia ni de la injerencia extranjera. En la misma línea, el expresidente boliviano Evo Morales calificó el ataque como una “brutal agresión imperial”.
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Ecuador se ubicó en el extremo opuesto. El presidente Daniel Noboa celebró la captura del mandatario venezolano y aseguró que la estructura del “narcochavismo” comenzará a caer en todo el continente, enviando además un mensaje de apoyo a líderes opositores venezolanos.
Cuba e Irán condenaron el ataque y exigieron una respuesta inmediata de la comunidad internacional. El presidente cubano Miguel Díaz-Canel denunció un “terrorismo de Estado” y llamó a defender a América Latina como zona de paz. Irán, por su parte, calificó la ofensiva como una violación flagrante de la soberanía venezolana.
En Europa, la Unión Europea optó por un tono más diplomático. La alta representante para Política Exterior, Kaja Kallas, pidió moderación y respeto al derecho internacional, mientras que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, expresó su apoyo a una transición democrática y pacífica en Venezuela. España confirmó que su personal diplomático en Caracas se encuentra a salvo y mantiene seguimiento permanente de la situación.
El Reino Unido aclaró que no participó en los ataques y solicitó información directa a Washington antes de fijar una postura definitiva. Ucrania evitó condenar la ofensiva, señalando que no reconoce la legitimidad del gobierno venezolano tras las elecciones de 2024.
Rusia y Bielorrusia condenaron de manera categórica la agresión estadounidense y advirtieron sobre el riesgo de una escalada internacional. Moscú informó que su embajada en Caracas no fue afectada y mantiene comunicación con las autoridades venezolanas, mientras que Irán e Italia activaron protocolos de protección para sus ciudadanos en territorio venezolano.
Las reacciones internacionales tras el ataque de Estados Unidos a Venezuela reflejan un escenario de alta tensión global, con posiciones encontradas que reavivan el debate sobre soberanía, legalidad internacional y el uso de la fuerza en conflictos políticos.





