viernes, enero 23, 2026

Platea Trump econstrucción total de Gaza bajo modelo inmobiliario

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Mientras el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, alternaba declaraciones sobre Groenlandia con una cadena de autoelogios, uno de los movimientos más significativos de su agenda internacional pasaba casi desapercibido en el Foro Económico Mundial. Este jueves, Jared Kushner, yerno del mandatario y uno de sus principales asesores para Oriente Próximo, presentó con entusiasmo lo que describió como una oportunidad de inversión: la “nueva Gaza”, un ambicioso proyecto para reconstruir la Franja sobre los escombros de la devastación actual.

La propuesta, expuesta mediante diapositivas que delineaban un “plan maestro”, dibuja un territorio transformado en una especie de Dubái o Singapur del Mediterráneo oriental. Rascacielos turísticos frente a la costa, un puerto moderno, un aeropuerto, un nodo logístico internacional y una economía de libre mercado forman parte del diseño. “No hay plan B”, afirmó Kushner, al explicar que el enfoque económico sería similar al que Trump promueve dentro de Estados Unidos.

El anuncio contrasta con la realidad cotidiana de Gaza, donde poco ha cambiado para sus más de dos millones de habitantes desde la firma del alto el fuego en octubre pasado. El ejército israelí continúa bombardeando a diario y, solo en las últimas 48 horas, ha matado a 16 palestinos, entre ellos tres periodistas que realizaban labores de cobertura. Este jueves, los servicios de rescate también confirmaron la muerte de una bebé de tres meses por hipotermia, mientras las autoridades militares israelíes siguen restringiendo la entrada de ayuda humanitaria acordada, incluidas caravanas y tiendas de campaña.

Kushner explicó que el plan de reconstrucción comenzaría en Rafah, la ciudad del sur prácticamente destruida, con la construcción de más de 100 mil unidades residenciales, y avanzaría gradualmente hacia Ciudad de Gaza. Sostuvo que en Oriente Próximo ya se han levantado ciudades para dos o tres millones de personas en apenas tres años, por lo que consideró viable el proyecto. “Gaza puede ser un nodo, un destino turístico, tener industria y convertirse en un lugar donde la gente prospere y genere empleo”, afirmó.

El asesor añadió que la siguiente fase del plan implica la desmilitarización de Hamás, una condición que no figuraba en la propuesta inicial, pero que Estados Unidos e Israel han convertido en requisito indispensable para avanzar. Trump respaldó esta postura al asegurar que su gobierno está comprometido con que Gaza quede desmilitarizada, adecuadamente gobernada y “bellamente reconstruida”, en coordinación con la ONU. “Será un gran plan”, afirmó el presidente.

Kushner precisó que la reconstrucción se limitará, en una primera etapa, a las zonas donde el desarme sea completo. Esto implica comenzar en áreas actualmente bajo control del ejército israelí, donde apenas viven unos miles de los más de dos millones de gazatíes. También señaló que se buscará promover la entrega de armas mediante ofertas de amnistía o garantías de salida segura de la Franja.

La advertencia llegó un día después de que Trump amenazara a Hamás con “su final” si rechaza desarmarse por completo. El movimiento islamista ha aceptado ceder el poder a un comité tecnocrático y se ha mostrado dispuesto a entregar armas ofensivas, pero condiciona cualquier desarme a la retirada total de las tropas israelíes y se niega a disolverse mientras persista la ocupación.

La segunda fase del plan contempla el despliegue de una fuerza militar multinacional, una idea que ha ido desapareciendo del discurso ante la falta de países dispuestos a participar. Desde Davos, el presidente de Israel, Isaac Herzog, reconoció esta ausencia al señalar que nadie quiere entrar a combatir en Gaza salvo el propio ejército israelí.

En paralelo, se anunció que el paso de Rafah, que conecta Gaza con Egipto, reabrirá la próxima semana en ambas direcciones, un compromiso que Israel había postergado. El anuncio fue realizado por Ali Shaath, jefe del comité tecnocrático palestino que administrará Gaza, y por Nikolay Mladenov, enviado para la Franja de la recién presentada Junta de Paz impulsada por Trump. Aunque las autoridades militares israelíes no han confirmado la reapertura, el perfil de los anunciantes sugiere que el compromiso podría concretarse. Este domingo, el gabinete israelí tiene previsto debatir tanto la reapertura del cruce como la recuperación del último cadáver de un rehén en Gaza.

Trump presentó su Junta de Paz rodeado de una veintena de líderes, entre los que no figuraron representantes de las democracias más avanzadas, que observan con recelo una iniciativa que consideran invasiva para las prerrogativas de la ONU. De la Unión Europea solo participaron Hungría y Bulgaria. Entre los asistentes estuvieron los presidentes y líderes de Argentina, Azerbaiyán, Armenia, Kazajistán, Pakistán, Indonesia y Paraguay. “Me gustan todas estas personas. Son grandes líderes”, afirmó Trump.

La ausencia más notoria fue la del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien integrará la Junta pero pesa sobre él una orden de arresto emitida en 2024 por el Tribunal Penal Internacional por presuntos crímenes de guerra y contra la humanidad. Su silla vacía, al frente del auditorio, recordó la magnitud del conflicto iniciado tras el ataque de Hamás en octubre de 2023, que ha dejado más de 71 mil 500 muertos y una Gaza reducida a ruinas.

Trump aprovechó el escenario para reivindicar su papel como mediador global. “Está acabando. Tenemos pequeños fuegos que apagaremos. Antes eran gigantescos”, dijo. Aseguró que el alto el fuego se ha mantenido y que la ayuda humanitaria ha alcanzado niveles récord. Sin embargo, aunque la Clasificación Integrada de Fases retiró en enero la categoría de hambruna para medio millón de gazatíes, advirtió que la situación sigue siendo crítica, con 1.6 millones de personas, el 77 por ciento de la población, en inseguridad alimentaria aguda.

Actualmente, Gaza permanece dividida: el 42 por ciento del territorio está bajo control de Hamás y alberga a casi toda la población, mientras el 58 por ciento restante permanece prácticamente desierto y en manos del ejército israelí, que continúa demoliendo edificios e impide el acceso. Ambas zonas están separadas por la Línea Amarilla, concebida como una división temporal. No obstante, Trump anunció la transición a la segunda fase del plan sin exigir una nueva retirada israelí, y Netanyahu ha asegurado que sus tropas permanecerán de forma permanente en una amplia franja del territorio.

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