El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que sería “un gran honor” para él “tomar” Cuba, en medio de la crisis energética que atraviesa la isla y de las tensiones diplomáticas entre ambos países.
Durante una comparecencia en el Despacho Oval, en la Casa Blanca, el mandatario estadounidense aseguró que Cuba es actualmente “una nación muy debilitada” y sostuvo que podría actuar con libertad sobre su futuro. “Creo que puedo hacer lo que quiera con ella”, declaró ante medios de comunicación.
Las declaraciones se dan en un contexto de escalada internacional, marcado por el conflicto con Irán y por el endurecimiento de las medidas económicas contra La Habana, particularmente el bloqueo energético que ha dejado a la isla sin suministro regular de combustible en los últimos meses.
Trump ha reiterado en semanas recientes que Cuba es una “nación fallida” y ha insistido en que su economía depende en gran medida del petróleo proveniente de Venezuela, flujo que se vio interrumpido tras la captura del presidente Nicolás Maduro a inicios de año.
En este contexto, medios como The New York Times reportaron que negociadores estadounidenses habrían planteado como condición la salida del presidente cubano Miguel Díaz-Canel como parte de las conversaciones en curso entre ambos países, aunque hasta el momento no existe confirmación oficial.
El endurecimiento del discurso coincide con un nuevo apagón total en la isla tras la desconexión del sistema eléctrico nacional, lo que dejó sin energía a millones de personas y evidenció la fragilidad del sistema energético cubano.
La crisis se ha agudizado por la falta de combustible, lo que ha derivado en apagones prolongados, escasez de alimentos, problemas de transporte y un creciente descontento social. En los últimos días se han registrado protestas, cacerolazos e incluso actos de vandalismo, como el incendio de una sede del Partido Comunista de Cuba en el municipio de Morón.
En paralelo, el gobierno cubano ha reconocido que mantiene conversaciones con Washington, en lo que podría representar un giro en su política exterior en medio de la presión económica.
Como parte de las posibles reformas, se prevé que el gobierno de Díaz-Canel anuncie medidas para permitir a cubanos residentes en el extranjero invertir en la isla y ser propietarios de negocios, en un intento por reactivar la economía.
El escenario ha abierto también un debate entre sectores del exilio cubano en Estados Unidos, que exigen cambios más profundos en la estructura del poder político en la isla, más allá de una eventual salida de Díaz-Canel.





