China ha aprovechado el desorden que ha dejado el Presidente Trump en la alianza transatlántica, denunciando su intento por adquirir Groenlandia e intentando seducir a los aliados de EU con la promesa de alianzas comerciales confiables.
Pero a medida que algunos de los aliados tradicionales de Washington se acercan con cautela a Beijing, parecen estar conscientes del peligro de abandonar el abrazo estadounidense sólo para acabar en manos de otra superpotencia.
«En un mundo de gran rivalidad en cuanto a poder, los países intermedios tienen una opción, competir entre sí en busca de favores o combinarse para crear una tercera vía con impacto», declaró Mark Carney, el Primer Ministro canadiense, en un discurso pronunciado el martes en el Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza.
Canadá, que Trump ha dicho que le gustaría anexar como el «Estado 51», ha tenido que «cambiar radicalmente nuestra postura estratégica», afirmó Carney.
Carney, quien salió de una reunión con el líder chino Xi Jinping en Beijing la semana pasada con un deshielo diplomático y un acuerdo comercial, afirmó que Canadá, como «potencia intermedia», planea ser «pragmática y recta» en sus alianzas.
«Lo que observamos en las potencias intermedias es una estrategia de cobertura», dijo Maria Adele Carrai, profesora asociada en la Universidad de Oxford. «Este es un momento de incertidumbre y están intentando diversificarse. No se están alineando con China, en lo absoluto, sino que están abriendo nuevos diálogos, nuevas alianzas, nuevas asociaciones regionales. La inversión y el comercio se han diversificado con respecto a lo que eran antes».
Mientras Trump hace un uso agresivo de los aranceles y en un momento dado amenazó con usar la fuerza para arrebatar Groenlandia a su antiguo aliado Dinamarca, Beijing intenta aprovechar la oportunidad.
He Lifeng, el Viceprimer Ministro chino, pronunció un discurso en Davos esta semana denunciando el «creciente unilateralismo y proteccionismo», al tiempo que retrataba a China como un beneficio para el mundo.
«China es un socio comercial, no un rival, para otros países», afirmó. «El desarrollo de China representa una oportunidad, no una amenaza, para la economía mundial».
Ese mensaje ha sido una letanía constante de los líderes chinos.
«Beijing ve las fracturas en la relación transatlántica como una oportunidad», afirmó Olivia Cheung, investigadora especializada en China en el King’s College de Londres.
China espera mejorar sus relaciones con socios comerciales clave para obtener beneficios tangibles, como la reducción de aranceles impuestos a los vehículos eléctricos, dijo, pero «se trata sólo de un optimismo cauteloso».
Las mejoras se han caracterizado en gran medida por la flexibilización de las barreras comerciales, como el nuevo marco entre China y Canadá, que incluye la reducción drástica de aranceles a los vehículos eléctricos chinos y al aceite de canola canadiense.
Keir Starmer, el Primer Ministro británico, viajará a Beijing a finales de este mes, poco después de que la aprobación de una nueva y amplia Embajada china en Londres suavizara un punto de fricción entre ambos países. Se anticipa que el Canciller alemán, Friedrich Merz, viaje a China el próximo mes. Emmanuel Macron, el Presidente francés, realizó una visita a principios de diciembre.
También persisten diferencias fundamentales entre los aliados de Estados Unidos y China en cuestiones como el apoyo de Beijing al Presidente ruso Vladimir Putin tras su invasión de Ucrania.
La Comisión Europea presentó esta semana planes para retirar gradualmente de las redes europeas críticas el hardware de telecomunicaciones de proveedores de «alto riesgo», una medida que se considera dirigida a empresas de telecomunicaciones chinas como Huawei y ZTE.
Beijing ha criticado estos planes, afirmando que el equipo de telecomunicación chino nunca ha puesto en peligro la seguridad y que su exclusión causaría daños económicos a ambas partes.
China ha denunciado los planes de Trump respecto a Groenlandia y la misión estadounidense para capturar al dictador venezolano Nicolás Maduro como evidencia de una vena imperialista estadounidense que ya no se oculta tras la palabrería de un orden basado en normas.
Estados Unidos es ahora una «superpotencia puramente extractiva», declaró Xinhua, la agencia de noticias estatal china, en un comentario el martes.
«El mapa mundial ya no es un mapa político de alianzas y soberanías, sino un inventario burdo de activos», afirmó. «El estatus de un país -aliado, rival o neutral- es irrelevante frente a la cuestión fundamental de su utilidad».
Ese mensaje ha encontrado audiencias dispuestas en países en desarrollo que desde hace tiempo ven con recelo el poder militar estadounidense, y donde China ha experimentado un crecimiento sustancial en comercio e influencia en las últimas décadas.
China registró un superávit comercial récord de 1.19 millones de millones de dólares el año pasado, una cifra que refleja su importancia crucial para la economía global y el riesgo de represalias que enfrenta al descargar productos baratos al mundo.
Los proyectos de la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, un programa global de inversión en infraestructura, energía y minería, alcanzaron un nivel récord de participación en el 2025, arroja una investigación de Christoph Nedopil, profesor en la Universidad Griffith, en Brisbane, Australia.
El estudio halló aumentos significativos en la inversión china en Asia Central y en tratos de construcción en África, el Sudeste Asiático y Latinoamérica.
Sin embargo, incluso a medida que se profundizan los lazos de China con gran parte del mundo, su capacidad para facilitar las relaciones con Europa es relativamente limitada, afirmó Zhu Feng, profesor de estudios internacionales en la Universidad de Nanjing.
Beijing no anticipa que Estados Unidos y sus aliados europeos sufran una ruptura permanente, añadió. El cambio de postura de Trump sobre Groenlandia esta semana en Davos, donde se retractó de las amenazas de fuerza y aranceles y avanzó hacia una propuesta que incluye ofertas de mayor seguridad en el Ártico, limita el potencial de un colapso de la Organización del Tratado del Atlántico Norte.
También restringe los potenciales avances comerciales y diplomáticos de China en Europa, afirmó David Arase, profesor de política internacional en el Centro Hopkins-Nanjing.





