El nuevo titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, inició su gestión con una agenda cargada de temas críticos que van desde la revisión del T-MEC hasta la relación con Estados Unidos, la migración, la seguridad fronteriza y la crisis diplomática derivada del informe de la ONU sobre desapariciones en México, coyuntura que marcó su primer día en el cargo. Con 38 años, Velasco se convierte en uno de los cancilleres más jóvenes en la historia reciente del país, respaldado por una trayectoria dentro de la Cancillería donde se desempeñó como subsecretario para América del Norte y cercano al actual secretario de Economía, Marcelo Ebrard.
Durante su comparecencia ante el Senado, previa a su ratificación, el funcionario delineó los ejes de su política exterior al destacar que México mantendrá una postura basada en la soberanía, el respeto internacional y la defensa de sus propios intereses, particularmente en la compleja relación con el gobierno de Donald Trump, con quien deberá negociar temas clave como el comercio, la seguridad y el combate al narcotráfico. En este contexto, Velasco subrayó que el T-MEC sigue siendo el acuerdo más relevante para el país y que su revisión será una prioridad estratégica, en coordinación con el equipo económico del gobierno federal.
A la par, el nuevo canciller enfrenta retos inmediatos en materia migratoria, derivados de operativos y redadas en Estados Unidos que han afectado a ciudadanos mexicanos, así como la necesidad de fortalecer la red consular, que arrastra limitaciones presupuestales y condiciones laborales rezagadas desde hace décadas. Velasco reconoció estas carencias y aseguró que se brindará apoyo jurídico y económico a connacionales, al tiempo que se mantendrán gestiones diplomáticas para atender posibles abusos.
En el ámbito regional, destacó la intención de reforzar la integración con América Latina y el Caribe, así como mantener el apoyo humanitario a Cuba, aunque evitó comprometerse a reactivar el envío de combustible suspendido tras las presiones arancelarias de Estados Unidos. En el plano internacional, también deberá posicionar a México frente a conflictos como la situación en Medio Oriente, donde expresó respaldo a los esfuerzos de tregua, al tiempo que insistió en la necesidad de reconstruir un orden multilateral que, dijo, ya no responde a las dinámicas globales actuales.
Sin embargo, el tema que dominó su arranque fue la tensión entre el gobierno de Claudia Sheinbaum y la Organización de las Naciones Unidas, luego del informe del Comité contra la Desaparición Forzada que cuestiona al Estado mexicano. Velasco afirmó que México respeta a la ONU, pero también ejercerá su derecho a exigir rigor en sus evaluaciones, postura que no logró convencer a los partidos de oposición, particularmente del PAN y PRI, quienes votaron en contra de su nombramiento al considerar que la política exterior actual evade responsabilidades internacionales.
Pese a ello, su designación fue aprobada con mayoría en el Senado, respaldado por Morena, PVEM, PT y Movimiento Ciudadano, lo que le permite asumir formalmente una de las posiciones más estratégicas del gabinete en un momento de alta presión interna y externa. Entre los temas adicionales que deberá atender se encuentran las denuncias por presuntas irregularidades en la embajada de México en Reino Unido, así como la organización del próximo Mundial de Fútbol, visto por el gobierno como una oportunidad para proyectar la imagen del país a nivel internacional.
En su primer día, Velasco no solo delineó las prioridades de su gestión, sino que también dejó ver el tono que marcará su conducción diplomática: diálogo político, defensa de la soberanía y una estrategia activa frente a un entorno internacional cada vez más complejo, donde México busca mantener equilibrio entre sus compromisos globales y sus intereses nacionales.





