México cerrará su participación como sede de la Copa Mundial de la FIFA 2026 con un impulso económico visible en consumo, turismo y comercio, en medio de una economía que venía mostrando señales de desaceleración. El llamado efecto Mundial ha generado un repunte en ventas, asistencia a eventos masivos y gasto de los consumidores, aunque especialistas advierten que sus beneficios podrían ser temporales.
Durante las últimas semanas, el torneo detonó récords de consumo en sectores como alimentos, bebidas, entretenimiento, hospedaje y mercancía deportiva. Desde cervezas y refrescos hasta camisetas de la selección mexicana, el Mundial reactivó la demanda interna y elevó la actividad comercial en las tres sedes nacionales: Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
El impacto ya comenzó a reflejarse en indicadores económicos. Empresas manufactureras reportaron en junio mejores niveles de ventas y recuperación en pedidos nacionales e internacionales, según el Índice de Gerentes de Compras (PMI) elaborado por S&P Global. Los nuevos pedidos crecieron a su mayor ritmo en 27 meses, mientras disminuyó la pérdida de empleos y se reactivó la compra de insumos.
En las calles, la magnitud del fenómeno también fue evidente. Tan solo en el Paseo de la Reforma, cerca de un millón de personas celebraron uno de los triunfos de la selección mexicana. De acuerdo con la FIFA, durante la fase de grupos más de 5.5 millones de aficionados asistieron a los Fan Festivals en los tres países anfitriones.
México destacó especialmente en asistencia. La capital registró más de 527 mil asistentes acumulados en su Fan Festival, seguida por Monterrey con 244 mil y Guadalajara con 218 mil. Además, varios partidos celebrados en territorio mexicano figuraron entre los de mayor demanda de boletos del torneo.
El Mundial 2026 también ya rompió récords históricos de asistencia en estadios. Más de 4.6 millones de aficionados acudieron a los partidos durante la fase de grupos, superando ampliamente los 3.5 millones registrados en Copa Mundial de la FIFA 1994.
Sin embargo, economistas llaman a la cautela. Aunque el torneo ha impulsado temporalmente la economía, persisten problemas estructurales como la desaceleración de inversión productiva, la incertidumbre comercial por el T-MEC y el bajo crecimiento económico.
Especialistas de Deloitte estiman que el Mundial aportará alrededor de 2 mil 730 millones de dólares al valor agregado nacional, equivalente a apenas 0.14% del PIB mexicano. Esto sugiere que, aunque el torneo genera una derrama significativa, su capacidad para transformar de fondo la economía es limitada.
El consumo alrededor del fútbol ha sido especialmente fuerte. Solo en un partido disputado en el Estadio Azteca, rebautizado temporalmente como Estadio Ciudad de México, se vendieron alrededor de 45 millones de pesos en cerveza. En toda la fase de grupos, la FIFA reportó ventas de 2.8 millones de cervezas, 300 mil hot dogs y cerca de un millón de botellas de agua.
La fiebre mundialista también alcanzó al mercado financiero. El ETF de México acumuló un rendimiento positivo del 12% hasta junio, impulsado por empresas ligadas al consumo, bebidas, pagos digitales y publicidad. Firmas como Coca-Cola, Mastercard, Visa y Meta se encuentran entre las principales beneficiadas por el gasto asociado al torneo.
Aun con cifras récord, el consenso económico es claro: el Mundial funciona como catalizador de corto plazo, pero no resuelve por sí solo las debilidades estructurales del país. Tras el silbatazo final, México volverá a enfrentar el desafío de sostener el dinamismo sin la euforia futbolística.





