Karishma, una joven activista afgana de 24 años, relató cómo la llegada de los talibanes al poder en 2021 truncó por tercera ocasión su sueño de concluir una carrera universitaria y evidenció las restricciones que enfrentan millones de mujeres en Afganistán para acceder a la educación, el trabajo y la vida pública.
La joven, cuyo nombre fue cambiado por motivos de seguridad, explicó que estudiaba Informática en una universidad pública cuando el régimen talibán prohibió a las mujeres continuar con su formación académica. Antes de ello, ya había interrumpido sus estudios debido a la pobreza familiar y al deterioro de la seguridad provocado por atentados contra escuelas para niñas.
Karishma recordó que, como hija mayor de seis hermanos, abandonó inicialmente la universidad para trabajar y apoyar económicamente a su familia, luego de que sus padres enfrentaran problemas de salud. Posteriormente logró retomar sus estudios mientras trabajaba como recepcionista durante las noches y daba clases particulares por las tardes.
Sin embargo, en 2021, cuando solo le restaba un año para graduarse, los talibanes retomaron el control del país y cerraron las universidades para las mujeres, eliminando cualquier posibilidad de concluir su formación profesional.
Tras perder el acceso a la educación, decidió participar en actividades de protesta para exigir el respeto a los derechos de las mujeres afganas. Su activismo, explicó, incrementó los riesgos para su seguridad personal y la llevó a intentar continuar sus estudios en Irán.
Aunque obtuvo un visado estudiantil y logró inscribirse en una universidad iraní, tuvo que regresar temporalmente a Afganistán debido al deterioro de la salud de su madre. Cuando intentó volver a Irán para continuar sus estudios, las autoridades talibanes le impidieron salir del país en tres ocasiones.
La activista señaló que primero se le exigió viajar acompañada por un tutor masculino y posteriormente se le negó el permiso al descubrir que pretendía continuar una carrera universitaria en el extranjero, debido a las restricciones impuestas por el régimen sobre la educación femenina.
Karishma afirmó que actualmente las mujeres afganas enfrentan severas limitaciones para estudiar, trabajar y participar en la vida pública, situación que también impide que muchas contribuyan al sustento económico de sus familias.
La joven hizo un llamado a la comunidad internacional para no ignorar la situación que viven las mujeres en Afganistán y sostuvo que la educación representa mucho más que un derecho individual, al considerarla una herramienta fundamental para la dignidad, la igualdad de oportunidades y el desarrollo de cualquier sociedad.
Pese a las restricciones, aseguró que continuará alzando la voz junto con otras activistas para exigir la restitución de los derechos de las mujeres y niñas afganas, convencida de que su lucha trasciende su historia personal y representa a miles de jóvenes privadas de su futuro.





