Detectan aflatoxina B1 en 16 de 30 tortillerías analizadas en la capital

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La aflatoxina B1, sustancia reconocida como cancerígena para seres humanos, fue detectada en muestras de 16 de 30 tortillerías analizadas en la capital potosina, informó Rogelio Flores Ramírez, investigador de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP).

La aflatoxina B1 es una micotoxina producida por hongos que pueden proliferar en el maíz bajo determinadas condiciones de humedad y temperatura. La Organización Mundial de la Salud advierte que las aflatoxinas pueden contaminar granos y otros alimentos, y que su exposición se relaciona con daños hepáticos y cáncer de hígado. Consulta la información de la OMS.

“No tiene olor, no tiene sabor y la estás consumiendo sin saberlo. Es un enemigo invisible”, alertó Flores Ramírez.

El investigador explicó que la detección en las muestras no significa necesariamente que la contaminación se origine en las tortillerías, pues el maíz puede llegar afectado desde el campo o contaminarse durante su almacenamiento.

Parte del grano utilizado en la capital proviene de Sinaloa, Durango, Zacatecas y Guanajuato. Flores Ramírez consideró que la concentración de proveedores podría estar relacionada con la presencia de la toxina en las muestras analizadas.

El especialista señaló que el riesgo puede aumentar en personas con hepatitis B. De acuerdo con su explicación, la combinación de ese virus con la exposición a aflatoxinas puede elevar entre seis y 30 veces la probabilidad de desarrollar cáncer hepático.

La Organización Mundial de la Salud también identifica a la hepatitis B como un factor que incrementa la potencia carcinogénica de las aflatoxinas. El Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios considera a la aflatoxina B1 como la más potente de este grupo de contaminantes.

Flores Ramírez añadió que su equipo ha documentado exposición a aflatoxina B1 entre mujeres y niños de comunidades indígenas de la Huasteca potosina.

La nixtamalización con agua y cal puede disminuir la presencia de aflatoxinas, aunque el investigador precisó que este proceso varía entre tortillerías.

Aunque existen normas que establecen límites máximos de aflatoxinas en el maíz, Flores Ramírez advirtió que no hay una vigilancia rutinaria suficiente.

La detección de una toxina no permite establecer por sí sola el nivel de riesgo individual para cada consumidor; para ello se requiere conocer la concentración encontrada, la frecuencia de exposición y realizar vigilancia sanitaria.

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