Infantilizar el autismo dificulta el desarrollo de las personas con esta condición, advierte el psicólogo Eder Rocha, experto en educación especial y presidente de la asociación Te Acompaño.
«Tenemos que dejar de infantilizarlo. Las personas en condición de autismo no son ‘ángeles del Señor’ ni ‘seres de luz’: son personas con necesidades laborales, sexuales, educativas, sociales, físicas, culturales, artísticas y de salud.
«Si los padres de familia siguen viendo a sus hijos con autismo como niños aun teniendo 30 años, entonces no van a ver a un artista en potencia, a un actor en potencia, a un músico en potencia», previene Rocha a propósito del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, este 2 de abril.
Las personas con esta condición requieren, en cambio, apoyo para poder ejercitar sus capacidades, dice en entrevista telefónica desde Orizaba, donde radica y acerca actividades artísticas a este sector poblacional.
«Necesitamos que sean empoderadas por sus familias y apoyadas por ellas y también por las instituciones que estén cerca.
«En Orizaba tengo a seis pintores autistas y hemos hecho eventos donde han expuesto sus obras, pero no hemos logrado que ninguna dependencia les respalde con presentaciones más grandes o los profesionalice, entonces se requiere mayor atención», indica el también especialista en inclusión educativa y laboral de personas con discapacidad.
Espacios accesibles
Además del desarrollo de habilidades artísticas, las personas neurodivergentes, entre ellas las que presentan condición de autismo, tienen el derecho a recorrer recintos adaptados, puntualiza Rocha, catedrático del Centro Universitario del Pacífico, quien participa en la transformación de 23 museos orizabeños para que sean inclusivos, en el marco del programa EnSEÑArte Orizaba.
El próximo 4 de abril, a las 17:00 horas, se inaugurarán estas adaptaciones en el primero de los 23 espacios culturales: el Museo de San José de Gracia, que incluirá, por ejemplo, cédulas con pictogramas y guías capacitados para atender al público neurodiverso.
«El propósito es que les permitan recorrer el museo y, en el lugar donde ellos se detengan y quieran la explicación, se la den, y que pueda moverse con flexibilidad», expone Rocha.
En el caso de las personas con autismo debe explicarse desde el inicio cómo será el recorrido y cómo se conducirán a través de los pasillos, porque requieren información predecible.
«Muchos guías decían: ‘Nunca había pensado que para ellos fuera eso tan importante’. Lo es, porque si ven pasillos, pasillos y más pasillos y no saben cuándo van a terminar y podemos generar cierta ansiedad.
«Hemos trabajado esto desde nuestra trinchera. Son pequeños logros, pero falta muchísimo más».
Esto es una garantía, aclara, prevista en la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad Internacional y en la ley en la materia.
«Las personas en condición de discapacidad, incluyendo aquellas con autismo o neurodiversidad, tienen el derecho a tener espacios culturales y a ser considerados en programas artísticos que favorezcan su inclusión social, no como favor, sino como un derecho», recalca.
Arte que rehabilita
En cuanto al arte como herramienta terapéutica, Rocha considera que en México los profesionales de la salud mental requieren mayor conocimiento de esta alternativa, porque se utiliza más de manera recreativa que como rehabilitación.
«La arteterapia«, explica, «va más enfocada a la rehabilitación y a la estimulación de ciertas áreas del cerebro.
«Ha habido muy poca información de la arteterapia entre los trabajadores de la salud mental, porque la conciben de manera recreativa, no como un área que coadyuva a la salud mental y a la rehabilitación».
La estimulación cerebral, motora y social propiciada por actividades que involucran el dibujo, la escultura, la fotografía y el teatro, entre otras artes, repercuten favorablemente en las personas neurodivergentes, subraya Rocha, e insta a incrementar la formación de arteterapeutas.