lunes, febrero 23, 2026

Crece el miedo por jóvenes ‘therian’ y expertos piden calma

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  • “¿Adolescentes que se creen animales? El fenómeno ‘therian’ desata alarma en redes”
  • El verdadero peligro no es la identidad juvenil. Tejiendo Redes llama a evitar el pánico moral y la desinformación

La reciente viralización de los llamados “therian” en redes sociales ha generado alarma entre personas adultas que temen supuestos efectos negativos en la salud mental de adolescentes. Sin embargo, Juan Martín Pérez García, coordinador de Tejiendo Redes Infancia, advirtió que el fenómeno está rodeado de desinformación y pánico moral.

En entrevista para “Ingrata Noticia”, explicó que es necesario diferenciar entre el fandom “peludo” o furry—vinculado al cosplay y a expresiones estéticas y de convivencia— y las personas que se identifican como therian, quienes desde hace décadas participan en comunidades virtuales donde expresan una afinidad simbólica o espiritual con animales.

Desde Tejiendo Redes Infancia alertan que el verdadero riesgo no está en estas expresiones juveniles, sino en la violencia digital, el acoso y la estigmatización que pueden sufrir niñas, niños y adolescentes.

¿Qué define exactamente a la identidad therian y cómo se diferencia de otras subculturas o comunidades en internet?

Mira, yo creo que lo que tenemos ahorita es mucha desinformación. Hay que tener presente, como contexto inicial, que muchos retos virales son inyectados y maximizados, a veces claramente por intereses específicos y, obviamente, por el propio algoritmo de las plataformas, que están diseñadas para promover la atención y el enganche con este tipo de temas.

Este asunto viral se detonó desde Argentina, y hay que ubicar que ese país atraviesa un momento bastante crítico en términos políticos y sociales. Solo para colocar el primer contexto. En esta desinformación se están mezclando muchas cosas, y es necesario diferenciarlas. De manera esquemática —porque es un poco más complejo— podemos hablar de tres tipos de expresiones.

Una es lo que se conoce coloquialmente como el fandom “peludo”, vinculado al cosplay y a personas asociadas con la cultura del anime y otras producciones. Son seguidores que se representan como sus personajes favoritos, participan en convenciones y eventos. Lo mismo sucede con el llamado fandom “furro” o furry: personas que sienten cercanía con algún tipo de animal, les gustan estas representaciones estéticas y encuentran en estos grupos un sentido de identidad y pertenencia. Pero esto es, principalmente, diversión, estética y espacios de encuentro.

Por otra parte, están los therian (o terian), que es algo diferente. Existen registros de estas comunidades virtuales desde la década de los noventa, en foros y chats en internet. Son personas que, por vía espiritual, psicológica o simbólica, asumen que tienen alguna influencia, herencia o cercanía con algún tipo de animal.

Hay estudios sobre personas que se identificaban como cercanas a los licántropos, y también se han documentado casos vinculados a creencias relacionadas con el vampirismo. Sin embargo, estas expresiones se desarrollaban principalmente en comunidades virtuales, sin necesariamente realizar acciones públicas, pues eran parte de la vida privada.

Es muy importante señalar que las personas que se identifican como therian no pierden la conciencia de que son seres humanos. No representan, por sí mismas, un problema de salud pública ni necesariamente tienen problemas psiquiátricos. Saben que no se van a transformar físicamente en animales y llevan una vida funcional como cualquier otra persona.

Hay un tercer ámbito, que ya corresponde al terreno psiquiátrico, y que solo puede ser valorado por profesionales de la salud mental: lo que algunos han llamado “disforia de especie”. Es una expresión muy rara y no está reconocida formalmente en los manuales diagnósticos de psiquiatría. Existen pocos registros al respecto, principalmente en estudios de Estados Unidos y Canadá publicados en revistas académicas indexadas, con investigaciones disponibles desde aproximadamente 2012.

Sin embargo, muchos casos que podrían asociarse a estas expresiones suelen clasificarse dentro de otros diagnósticos como trastornos de personalidad, psicosis o esquizofrenia. El concepto therian en sí mismo no es una categoría relevante en psiquiatría o psicología clínica.

¿Cuáles son las consecuencias reales de reducir las identidades juveniles a lo que pudiera ser una moda o una patología? ¿Cuál es la postura que tiene Tejiendo Redes?

Desde Tejiendo Redes Infancia hemos estado acompañando, desde el origen de este espacio en América Latina y el Caribe —ya hace una década—, la promoción de la participación de niños, niñas y adolescentes desde su rol de ciudadanía, entendiendo que son personas con derechos plenos y que el Estado y sus instituciones, en todos los países, están obligados a garantizar esos derechos. Uno de los elementos clave de la ciudadanía es la participación.

Lo que estamos viendo aquí es un pánico moral del mundo adulto, donde se humilla, estigmatiza y etiqueta como temas de salud mental —sin ningún sustento— este tipo de expresiones.

Esto mismo ha ocurrido con otras expresiones juveniles: el punk, el movimiento gótico, entre otros. El mundo adulto, desde ese pánico moral, suele calificarlas como pérdida de tiempo, improductivas o intrascendentes; incluso, en casos más extremos, como una ruptura de los valores familiares, sin entender —o ignorando intencionalmente— que se trata de una etapa de vida que todas las personas atravesamos y que requiere comprensión, escucha y respeto.

Lo que sí hace daño es la violencia digital, el acoso, el aislamiento, el señalamiento y la humillación. Por eso es tan importante que los medios de comunicación profesionales, al abordar estos temas, acoten que el verdadero problema no es que una persona joven se identifique —por moda, influencia o exploración— con algún fandom o con expresiones como los therian.

El problema es que reciban violencia digital, que el mundo adulto les falte al respeto y, sobre todo, que no estemos asumiendo que las juventudes están pidiendo atención de manera urgente. Están tratando de llamar la atención, mientras el mundo adulto sigue volteando la mirada o, cuando los observa, lo hace de forma despectiva y humillante.

¿Cómo pueden los padres o tutores distinguir entre una fase de identidad saludable y una situación que realmente requiere atención profesional? ¿Cuál es la línea para actuar?

Todos estos son procesos identitarios, y debo precisar que esto aplica no exclusivamente para therian o el fandom peludo, sino para cualquier expresión. Es decir, cualquier niño, niña, adolescente o persona joven que cambie de manera abrupta su conducta habitual presenta una alerta.

Esto puede reflejarse en estilos de vida: si antes salía, se divertía o reía y, de repente, eso cambia; si hay aislamiento y deja de acudir a lugares o de convivir con personas con las que habitualmente se sentía bien, es una señal de atención.

En un caso específico relacionado con therian o el fandom peludo, una señal de alerta sería que comiencen a afectar su salud o a dañarse. Por ejemplo, si alguien dice que, como se identifica con un hombre lobo, solo comerá carne, sabemos que eso puede ser nutricionalmente peligroso. Este tipo de situaciones debe acompañarse y, si hay dudas o sospechas, recurrir a profesionales de la salud mental.

La recomendación general, sobre todo en términos preventivos, es que niñas, niños y adolescentes tengan múltiples espacios de participación: grupos scouts, musicales, de lectura, centros culturales o deportivos. Todo aquello que les permita interactuar con diversas personas y entornos les brindará habilidades, experiencias y referentes de apoyo, evitando que queden atrapados en una sola narrativa o grupo cerrado.

¿Cuál es la responsabilidad que hoy tienen los medios de comunicación al informar sobre este tipo de tendencias, sobre todo para no caer en sensacionalismos? ¿Y cómo influye el discurso de odio y la violencia digital en los derechos de la infancia y la adolescencia?

Sí, obviamente estamos hablando de derechos digitales. Esta paranoia moral o pánico moral que comentaba también se refleja en los medios de comunicación, tristemente incluso en algunos bastante prestigiados que, entre quedar atrapados por el clickbait —es decir, generar más vistas que se traducen en ingresos— y descuidar un principio básico del periodismo como es verificar las fuentes, están cometiendo errores graves.

Vimos con preocupación cómo contenidos que eran parodias o bromas terminaron siendo retomados como noticias. Por ejemplo, el caso de un supuesto veterinario que decía haber atendido a una persona, cuando en realidad se trataba de una parodia. Este tipo de fallas en la verificación no deberían ocurrir.

¿Qué mensaje o reflexión se puede compartir ante las dudas de sí realmente es real lo que está sucediendo y qué tan cercano o lejano está de nuestro entorno?

Hay que tener presente que las identidades juveniles son parte de la vida. En el caso específico de los therian o el fandom peludo, se trata de una expresión que no se “contagia”; no vamos a tener millones de adolescentes adoptando esta lógica de manera automática.

En gran medida, depende de nosotras y nosotros, las personas adultas, así como de la responsabilidad de los medios de comunicación, la forma en que se informe y, sobre todo, la disposición para escucharlos.

Independientemente de estos retos virales o expresiones que hoy son más visibles mediáticamente, la pregunta de fondo es: ¿qué tanto conozco a mi hijo o hija? ¿Qué tanto conozco a mis estudiantes? ¿Qué tanto los escucho? En esas respuestas encontraremos las formas de mejorar.

¿Es un momento histórico?

Sí. Como otras expresiones juveniles, esta es parte del momento histórico que vivimos. Seguiremos teniendo retos virales y discursos de odio. Ahí existe una responsabilidad del Estado, de las instituciones, de los medios de comunicación y de las familias. Por eso es importante encontrar un equilibrio entre protección y participación. No podemos proteger inhibiendo el derecho de niñas, niños y adolescentes a participar, pero tampoco podemos pensar que pueden transitar libremente en entornos digitales sin que exista regulación para las grandes plataformas.

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