La columna de humo generada tras el incendio registrado el pasado 8 de abril en la zona industrial de San Luis Potosí encendió las alertas entre la población por sus posibles efectos en la salud, aunque las condiciones atmosféricas jugaron a favor para reducir riesgos inmediatos, señaló el investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, Fernando Díaz Barriga.
El especialista explicó que la nube de humo se mantuvo mayormente por encima del nivel del suelo, lo que permitió que las concentraciones de contaminantes a la altura de la población fueran menores. Esta condición, sumada a la presencia de viento, favoreció la dispersión de las partículas y evitó su acumulación en la ciudad, reduciendo así el impacto inmediato en la salud pública.
No obstante, advirtió que el material involucrado en el incendio —principalmente polipropileno y otros plásticos industriales— representa un riesgo relevante, ya que este tipo de compuestos suele contener aditivos químicos que, al quemarse, pueden liberar sustancias altamente tóxicas. Incluso en polímeros más simples, la combustión genera contaminantes peligrosos en el corto plazo.
Además de los gases liberados, el investigador alertó sobre la presencia de micro y nanoplásticos, partículas que pueden permanecer suspendidas en el ambiente por más tiempo y que representan un riesgo particular para personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares.
Díaz Barriga subrayó la necesidad de realizar una auditoría química en la empresa afectada para identificar con precisión las sustancias que se encontraban en el sitio y las que pudieron haberse generado durante el incendio. Entre los compuestos que deben descartarse mencionó las dioxinas y los PFOS, conocidos como “tóxicos eternos” debido a su persistencia en el ambiente.
El especialista también señaló que el escenario pudo haber sido mucho más grave si el incendio hubiera ocurrido bajo condiciones de inversión térmica, fenómeno común en invierno que impide la dispersión de contaminantes y los mantiene concentrados a nivel del suelo. En este caso, calificó como fortuita la dispersión registrada.
En cuanto a la evolución del riesgo, indicó que durante la noche del incidente se registraron niveles elevados de partículas suspendidas y ozono, aunque actualmente muestran una tendencia a la baja. Sin embargo, advirtió que la preocupación ahora se desplaza del aire al suelo, donde podrían haberse depositado residuos contaminantes.
Para la población adulta, el riesgo se considera bajo, debido a la menor probabilidad de exposición directa; no obstante, alertó que las infancias son más vulnerables, especialmente por el contacto con polvo o suelo contaminado en espacios abiertos.
Finalmente, hizo un llamado a las autoridades de salud para intervenir de manera inmediata mediante estudios toxicológicos y modelaciones ambientales que permitan dimensionar con precisión los efectos del siniestro, ya que la falta de información sobre los materiales involucrados impide evaluar completamente el riesgo para la población.





