La última vez que Claudia Guerrero escuchó a su hermana Yosselyn fue a través de un mensaje de voz. Del otro lado, el miedo era evidente: no quería subir a la lancha. Dudaba del viaje, dudaba de su pareja y dudaba del mar que tenía enfrente, pero también sabía que ya no había vuelta atrás. Minutos después, el silencio. Eran las 15:20 del 21 de octubre de 2024 cuando dejó de responder mensajes. Desde entonces, no hay rastro de ella.
Yosselyn había salido de El Salvador meses antes y se encontraba en Tapachula, donde ya tenía trabajo. Sin embargo, aceptó trasladarse a la Ciudad de México tras la promesa de mejores condiciones de vida. El trayecto no sería por carretera. Desde San José El Hueyate, una zona aislada de la costa de Chiapas, abordaría una lancha junto a otros migrantes, en una ruta utilizada para evitar retenes migratorios.
Antes de partir, grabó un video de unos niños jugando en el lugar. Entre ellos estaba una niña que viajaba con su madre y su hermano pequeño. Ninguno volvió a comunicarse.
Horas después de la salida, los mensajes cesaron. La única versión de lo ocurrido proviene de Kevin, su pareja y el único sobreviviente localizado hasta ahora. Según su testimonio, la lancha volcó en medio del oleaje, provocando que los pasajeros cayeran al agua. Él asegura haber sobrevivido tras ser arrastrado por las olas, pero no ha podido precisar cuántas personas viajaban, cuántas desaparecieron ni el punto exacto del incidente.
Con el paso de los días, la incertidumbre creció. La familia de Yosselyn recibió versiones contradictorias y un audio de uno de los presuntos traficantes, quien aseguró que la embarcación había sufrido un accidente y que no se habían encontrado cuerpos. Después de ese mensaje, dejó de responder.
Las dudas aumentaron cuando Kevin reapareció semanas después en redes sociales con pertenencias que, según su propio relato, se habían perdido en el mar. Para la familia, esto debilitó la versión del accidente y abrió otras posibilidades sobre lo ocurrido.
Con el tiempo, otras historias comenzaron a coincidir. Familias de distintos países identificaron patrones similares: salidas desde la misma zona, fechas cercanas, silencio absoluto tras el viaje. En total, se habla de decenas de migrantes desaparecidos en ese tramo de la costa chiapaneca, sin que hasta ahora exista una explicación oficial clara.
Algunas pistas han surgido de manera aislada. Teléfonos que vuelven a activarse meses después, supuestos avistamientos en otras ciudades o listas con nombres que circularon tras los hechos. Ninguna ha sido confirmada por autoridades.
En paralelo, versiones internas apuntan a un contexto más complejo en la región. Fuentes relacionadas con investigaciones migratorias han señalado que el tráfico de personas en esa zona ha evolucionado hacia esquemas de trata, donde los migrantes no necesariamente desaparecen por accidentes, sino que pueden ser retenidos o trasladados por redes delictivas.
La geografía del lugar facilita estas operaciones. Manglares, esteros y tramos de difícil acceso crean un corredor donde la vigilancia es limitada tanto por tierra como por mar. Autoridades reconocen que no es posible cubrir todos los puntos, lo que ha convertido a esta ruta en una alternativa recurrente pese a los riesgos.
A más de un año de los hechos, las familias continúan sin respuestas. La ausencia de información oficial ha obligado a reconstruir lo ocurrido a partir de testimonios, mensajes y rastros digitales. En ese proceso, la incertidumbre persiste entre dos escenarios: que el mar haya borrado toda evidencia o que los migrantes sigan con vida en condiciones desconocidas.
Para Claudia, la búsqueda no se detiene. Revisa constantemente los últimos mensajes de su hermana, recuerda cada palabra y vuelve a ese momento en el que intentó convencerla de no subir a la lancha. Hoy, como otras familias, no solo busca justicia, sino una respuesta que cierre la incertidumbre.
En la costa de Chiapas, donde el mar borra huellas y las rutas permanecen fuera del alcance institucional, la historia de estos migrantes sigue abierta. Sin cuerpos, sin certezas y sin una versión definitiva, lo único que permanece es la ausencia.





