Diego Armando Maradona dejó dos imágenes eternas en el Estadio Azteca durante el Mundial de México 1986. En menos de cinco minutos, el argentino marcó ante Inglaterra la polémica “Mano de Dios” y después protagonizó una carrera imposible que terminó en el llamado “Gol del Siglo”.
La camiseta azul que utilizó aquel 22 de junio también se convirtió en una pieza histórica. En 2022 fue subastada por 9.3 millones de dólares y se convirtió entonces en uno de los objetos deportivos más caros jamás vendidos.
Durante cuatro décadas, alrededor de esa playera ha sobrevivido una historia tan popular como imprecisa: que los uniformes utilizados por Argentina fueron comprados en Tepito y que incluso eran “piratas”.
Sin embargo, distintas investigaciones y testimonios apuntan a una historia diferente. Las camisetas sí fueron conseguidas de emergencia en Ciudad de México y fueron personalizadas prácticamente a contrarreloj, pero habrían sido prendas originales de Le Coq Sportif fabricadas en México.
La selección argentina utilizaba uniformes de la marca francesa durante el Mundial de 1986. Su camiseta titular, celeste y blanca, contaba con una tecnología que facilitaba la ventilación y evitaba que la transpiración incrementara su peso durante los partidos.
El problema estaba en el uniforme alternativo de color azul.
Argentina lo había utilizado contra Uruguay en los octavos de final. Bajo la lluvia y con la humedad, los jugadores sintieron que las camisetas se volvían demasiado pesadas. Cuando el sorteo determinó que Inglaterra jugaría como local en los cuartos de final, los argentinos supieron que tendrían que volver a vestir de azul.
El entrenador Carlos Bilardo buscó entonces una alternativa más ligera.
Según la reconstrucción realizada por el periodista Andrés Burgo en el libro El partido, Rubén Moschella, entonces gerente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), y el utilero Tito Benros recibieron la misión de encontrar camisetas azules, ligeras, con cuello en V y de la marca Le Coq Sportif.
La búsqueda por distintas tiendas de la entonces Ciudad de México alimentó una de las grandes leyendas del futbol: que las camisetas fueron encontradas en Tepito y que se trataba de prendas piratas.
Algunos integrantes de aquella selección argentina, entre ellos Óscar Ruggeri, Jorge Burruchaga y Héctor Zelada, han sostenido versiones relacionadas con Tepito. Sin embargo, especialistas y coleccionistas cuestionan que las prendas fueran falsificaciones.
Alan Peniche, empresario y coleccionista de artículos de futbol, sostiene que la piratería deportiva en México durante los años ochenta era muy distinta a la actual. En esa época, explica, gran parte de la mercancía extranjera que circulaba en mercados como Tepito era “fayuca”, es decir, productos originales introducidos al país sin pagar impuestos.
Una de las versiones apunta a que las camisetas fueron adquiridas en una tienda deportiva ubicada sobre la calzada de Tlalpan, cerca del Estadio Azteca.
Ricardo, heredero de una tienda deportiva que funciona desde 1955 en la colonia Campestre Churubusco, asegura que el negocio de sus padres mantenía una estrecha relación comercial con Le Coq Sportif México.
Según su relato, las camisetas fueron solicitadas y vendidas sin que inicialmente supieran que serían utilizadas por la selección argentina contra Inglaterra.
La prenda estaba elaborada con una tela conocida como trilobal, caracterizada por presentar franjas verticales que alternaban acabados brillosos y opacos dentro del mismo tono azul. La fábrica de Le Coq Sportif se encontraba entonces en la zona de General Anaya.
La etiqueta encontrada años después en una de las camisetas utilizadas por los futbolistas argentinos reforzó esa versión: decía “Hecho en México”.
Pero conseguir las camisetas era solo una parte del problema. Todavía faltaba colocarles el escudo de la AFA y los números de los jugadores.
La personalización se realizó de emergencia. De acuerdo con los testimonios recopilados por Burgo, no encontraron la tela blanca que buscaban para fabricar los dorsales y terminaron utilizando un material gris plateado relacionado con los números utilizados en uniformes de futbol americano.
Los números fueron dibujados y recortados con tijeras.
Cuando Bilardo vio inicialmente el resultado, no quedó convencido. Maradona, sin embargo, tomó la camiseta y dio su aprobación.
“Con esta les ganamos a los ingleses”, habría dicho el capitán argentino.
Las últimas modificaciones fueron realizadas con apoyo de trabajadoras vinculadas al Club América, institución que prestó sus instalaciones a la selección argentina durante el Mundial.
Tampoco existe una versión única sobre el origen de los escudos de la AFA. Un relato sostiene que fueron retirados de las pesadas camisetas utilizadas contra Uruguay y posteriormente cosidos en las nuevas prendas. Otra versión señala que un diseñador realizó un escudo similar al oficial para incorporarlo a los uniformes.
El resultado fue una camiseta improvisada, con números plateados, un escudo distinto y una tela que nunca había sido concebida para convertirse en una de las prendas más famosas de la historia del futbol.
El 22 de junio de 1986, Maradona salió al césped del Estadio Azteca con el número 10 en la espalda y convirtió aquella camiseta en una pieza histórica.
Primero llegó la “Mano de Dios”. Cuatro minutos después, Maradona recibió el balón en su propio campo, dejó atrás a varios futbolistas ingleses y marcó el llamado “Gol del Siglo”.
Décadas después, una de aquellas camisetas conservaba en su cuello una pista fundamental sobre su origen: la etiqueta “Hecho en México”.
La falta de una versión definitiva ha permitido que el mito continúe creciendo. Tepito, las tiendas deportivas de Tlalpan, la fábrica mexicana de Le Coq Sportif y la improvisación de la selección argentina forman parte de un relato que ha cambiado según quien lo cuenta.
Lo que sí permanece es la historia de una camiseta conseguida y modificada de emergencia en Ciudad de México que terminó enmarcando dos de los goles más famosos de todos los tiempos.
A 40 años de México 1986, la leyenda de la camiseta azul de Maradona sigue viva. Quizá no fue “pirata” ni nació exactamente en Tepito, pero sí llevó una marca que forma parte inseparable de su historia: Hecho en México.





