Puerto Vallarta amaneció entre cenizas, estructuras retorcidas y locales calcinados tras la jornada violenta atribuida al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), luego de la caída de su líder Nemesio Oseguera Cervantes. Lo que hasta hace unos días era una tienda de conveniencia hoy es un amasijo de metal doblado por el calor extremo. El fuego, explican trabajadores de mantenimiento, debilitó la estructura hasta provocar su colapso.
La represalia del grupo criminal incluyó incendios en decenas de establecimientos y más de 200 vehículos, bloqueos en avenidas y ataques coordinados que sembraron miedo en uno de los principales destinos turísticos del país. La violencia provocó cancelaciones masivas y dejó al descubierto una realidad que muchos habitantes reconocen en voz baja: el control territorial del crimen organizado en la región.
Mientras el Ejército enfrentaba al círculo de seguridad del capo en la sierra de Tapalpa, en Vallarta ya se observaban columnas de humo. Comerciantes cerraron sus negocios, estaciones de servicio activaron protocolos de emergencia y trabajadores buscaron refugio. En paralelo, en el penal de Ixtapa se registró un motín que derivó en la fuga de 23 internos, entre ellos presuntos integrantes del CJNG. Durante los hechos murió un custodio estatal.
Las autoridades activaron el “código rojo”. El gobernador de Jalisco, Pablo Lemus Navarro, llamó a la población a resguardarse, mientras fuerzas federales reforzaban la presencia en la zona. Días después, aún permanecen prófugos varios de los reos fugados.
¿Por qué Puerto Vallarta?
Especialistas señalan que el puerto es estratégico para el CJNG no solo por el turismo, sino por su ubicación geográfica y su potencial para el lavado de dinero a través del sector inmobiliario. Investigadores como Rossana Reguillo y David Coronado han documentado la relevancia del corredor que conecta la costa con otras regiones de Jalisco, así como su vínculo con desapariciones y reclutamiento forzado.
A ello se suma que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha identificado a Vallarta como un punto relevante en operaciones financieras ligadas al cartel. El golpe contra su líder detonó una reacción violenta que buscó enviar un mensaje de fuerza y control territorial.
Impacto en turismo y economía
El malecón, usualmente lleno en temporada alta, luce con menor afluencia. Taxistas y restauranteros reportan una caída drástica en la actividad. “Trabajé todo el día e hice solo dos viajes”, resume un conductor. Algunos visitantes extranjeros expresaron temor; otros manifestaron solidaridad, pero reconocen el impacto en la imagen del destino.
El Gobierno estatal intenta proyectar normalidad con mayor despliegue de la Guardia Nacional y Marina, así como operativos de vigilancia aérea y terrestre. Sin embargo, la incertidumbre persiste ante la posible recomposición interna del grupo criminal tras la muerte de su líder.
Para una ciudad cuya economía depende del turismo, la violencia no solo deja edificios quemados, sino también una temporada afectada y una pregunta abierta sobre el futuro inmediato del puerto.





